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El centro histórico: caminando bajo los aleros

LA CASA FAMILIAR
Rejas hacia la calle, entrada por el zaguán, la vida en torno al patio y éste como jardín cautivo.
Tejados con aleros amplios, de tal forma que el agua de la lluvia, que aquí es mucha y muchos días, escurra lejos de las paredes, para no humedecerlas y, de paso, ofrecer protección al viandante que, en tiempos, podía caminar por toda la ciudad sin mojarse.
Hacia la calle, el portón, de madera labrada, y las ventanas, tipo balcón, protegidas con herrería. Interior hacienda orduñaTras el portón un recinto de espera y otra puerta, mucho más ligera, de herrería o madera calada, que da acceso al corredor, donde se recibe a las visitas. La sala, con ventanas a la calle, sólo se abre para ocasiones especiales y tertulias que lo ameriten. Además, comedor y cocina. Alrededor del patio, se abren los cuartos.

Con la llegada del café, muchas casas sufren modificaciones. El patio se divide en jardín delantero y traspatio, donde se seca el café, se añaden despachos, pagadurías y  bodegas y  se abren  ventanillas que comunican el despacho con el zaguán, para los pagos.
Con el porfiriato llega un cierto afrancesamiento y algunas casas renuncian al alero para verse más “a la europea” y se llenan de frisos y balaustres. Pero todo queda en la fachada; adentro, la vida sigue su curso en torno al patio.
Una vuelta por las calles Cinco de mayo, Constitución, Zamora, 16 de septiembre, Jiménez del Campillo y Aldama te permitirá apreciar numerosos ejemplos de este tipo de casa, así como recrear la imagen de la ciudad en otros tiempos.

LA CASA DE DIOS: LAS IGLESIAS
Tan sólo un ejemplo tenemos de arquitectura religiosa colonial: la iglesia de San Jerónimo; todas las demás fueron edificadas después de la indepCasa de cultura de Coatepecendencia del país, en el siglo XIX, la mayoría durante el porfiriato, con los elementos afrancesados y eclécticos característicos de la época, o más tarde, con elementos neogóticos.

A SU SERVICIO: LOS EDIFICIOS PÚBLICOS
El crecimiento de la población en el siglo XIX y de sus responsabilidades como capital cantonal y los requerimientos de una sociedad más compleja económica y culturalmente hicieron necesaria la construcción de edificios públicos adecuados, como escuelas, mercado, hospitales y un Palacio Municipal que pudiera alojar un número importante de oficinas y personal.
La mayoría de estas construcciones pertenecen al estilo neoclásico imperante en aquel entonces o posteriores, según el momento en que se concluyeron.

Algunos de ellos, como la Casa de Cultura y varias escuelas, se alojaron en antiguas mansiones familiares.

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