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Historias de mulas, rieles, alas y vapor.

De mulas y tranvías
Hubo un tiempo en el cual rieles y mulas fueron la vía y el motor de la comunicación entre Xalapa y Coatepec. Con algo de tren y otro tanto de carreta de arriero: el tranvía de tracción animal, es decir, de mulitas.

En 1875 el ciudadano de origen poblano Ramón Zangroniz recibe permiso para construir y explotar por su cuenta y riesgo una vía férrea entre ambas poblaciones. El ferrocarril funcionaría con tracción animal y el tendido usaría uno de los caminos existentes. Los trenes debían circular con una velocidad mínima de 14 kilómetros por hora si llevaban pasaje y de 6 si eran de carga.

El tren de mulitas comenzó a operar en 1877, cubriendo una distancia de 12 kilómetros entre la estación de Xalapa y la de Coatepec, donde estuvo localizada a un lado del templo parroquial. Seis vagones de pasajeros, ocho plataformas de carga y cincuenta mulas trabajaron por turnos transportando personas y mercancías hasta la llegada del ferrocarril a vapor. La gran ventaja para la región fue la facilidad para comercializar la producción agrícola que recibió así un nuevo impulso.

Y llegó el progreso envuelto en una nube de vapor
El primero de mayo de 1899, entre humo y hollín, la ciudad recibía a un tiempo, vestida de domingo y con banda de música, el ferrocarril a vapor y al presidente Porfirio Díaz. El uno representaba el progreso, el segundo la voluntad de modernizar el país. Hubo flores, discursos y almuerzo con carta en francés para las autoridades. Quedaba inaugurada la línea de ferrocarril que había de comunicar la ciudad de Xalapa con la de Córdoba, pasando por Coatepec, San Marcos, Xico, Teocelo y Huatusco. En poco tiempo se abandonó el proyecto original y la línea nunca pasó de Teocelo, última estación del recorrido.

El tren, que fue bautizado por la población como el piojito, en alusión a algunas de las incomodidades que sufría el pasaje, no obstante lo moderno del transporte. Pasaje que también tuvo que sufrir algunos percances, como descarrilamientos y asaltos. Durante la revolución fue blindado con acero de calderas viejas.

Era el momento de mayor auge de las haciendas, favorecidas por las leyes agrarias porfiristas. Éstas tendieron rieles en su interior para transportar su producción de café, cítricos y azúcar hasta las paradas que hacía el ferrocarril junto a cada una de ellas. Desayuno con sabor coatepecano para el mundo.

Para el piojito se construyó el puente de fierro de Los Bejucos, por el rumbo de la Orduña. Tenía su estación en la calle Constitución, junto a la famosa cantina La Estrella de Oro.

En 1926 el entonces gerente de la compañía, el señor Boone, diseña y hace construir los “autovías”, utilizando carrocerías de autobuses, motor de gasolina y ruedas de acero que corrían por los rieles del tren. El piojito ganó en agilidad, seguridad, economía y comodidad para el pasaje. Y así fue hasta 1945, año en el cual dejó de funcionar.

El coatepecano que construyó un avión       
En 1930 cayó un pequeño avión en Pacho Viejo. Entre los curiosos que llegaron a ver el aparato se encontraba el joven Gonzalo Quiroz, quien decidió que algún día volaría en un artefacto como ése.

Sin apenas formación, empezó a estudiar revistas especializadas en mecánica y aeronáutica y a conseguir piezas con las que fue construyendo una avioneta que terminó en 1937. Las autoridades de Coatepec no quisieron darle permiso para volar, por miedo a que se accidentara, pues no tenía nociones de aviación. Lo remitieron con el jefe del campo aeronáutico de Miradores y éste con la Secretaría de Comunicaciones. A falta de respuesta, decidió levantar vuelo sin permiso. Llevó su avioneta a un campo que había junto a la iglesia de La Laguna, que funcionaba como pista de aterrizaje y, sujetado por dos tractores, consiguió que el aparato se elevara y descendiera sin  ningún percance.

Marchó a México para estudiar aviación en la Escuela Mexicana de Aeronáutica, pero tuvo que regresar a Coatepec por falta de recursos económicos. Durante la Segunda Guerra Mundial fue llamado como reserva para servir en el famoso escuadrón 501.
A su regreso se dedicó a la compra venta de productos agrícolas y abrió la primera refaccionaria de Coatepec y, si bien abandonó sus aspiraciones aéreas para fundar una familia, siempre siguió interesado en los temas relacionados con la ingeniería, manteniéndose en contacto con los estudiantes, a quienes ayudaba con sus planos.